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martes, 30 de noviembre de 2010

el principal baluarte de Evo son los cocaleros de El Chapare. por nada les contradice por lo que Mario Rueda pone en duda investigarlos ya!

El Chapare debe inquietar al Gobierno. Por ahora es su más firme base político-social de apoyo y teme, sin duda, perderlo con decisiones que los cocaleros consideren una provocación intolerable… ¿Investigarán? Si lo hace, que sea con transparencia, en lo posible, de cara a los medios de comunicación social

En Bolivia, el narcotráfico repunta a índices superiores a los que se acreditaran en las últimas décadas. Así lo confirman numerosos datos, entre los que corresponde citar, en primer lugar, el ya tradicional desfase entre volúmenes de producción y consumo tradicional de la glauca y controvertida hojita, cuyas aplicaciones industriales son muy pocas. Más de la mitad de la coca del Chapare va a parar a las incontables plantas clandestinas de elaboración de sulfato de cocaína mimetizadas en áreas rurales y hasta urbanas de casi todos los departamentos del país.

Los mayores réditos del infame negocio corresponden a los cárteles de la droga de México, Colombia y el Caribe conectados a narcomafias de España principalmente. En lo que respecta a nuestro país, disponen de bien montadas redes que sacan la droga por las fronteras de Brasil, Argentina, Chile, Perú y Paraguay, algunas veces, en narcoavionetas y otras por vía terrestre. En el país, la compra y traslado de la coca a las fábricas clandestinas, muchas de las cuales disponen de tecnología de punta, corre a cargo de bien remuneradas redes familiares. Se sospecha que estos sectores contrabandean (a España) el excedente de la droga que producen, utilizando para ello a esas “mulas” que muy a menudo son descubiertas en las terminales aéreas del país, Madrid y otras capitales de Europa con droga en el equipaje o en la panza.

Se conocen muy pocos datos sobre el volumen del consumo endógeno de cocaína. Tampoco se sabe en detalle quiénes y cómo venden droga en las ciudades del país. Al respecto sólo se dispone de versiones testimoniales de algunos observadores de vecindarios críticos: los vendedores callejeros de droga rondan locales nocturnos, establecimientos educativos, centros universitarios y sitios donde abundan turistas extranjeros; tendrían en su mira preferentemente a jóvenes y hasta adolescentes.

Primero una autoridad policial y luego un prelado regional de la Iglesia Católica, sobre la base de datos enviados desde el Chapare por sus subordinados y sacerdotes respectivamente, precisaron que se emplea a menores para el tráfago callejero de droga en poblaciones del subtrópico cochabambino, tema que en vez de ser politizado debía dar lugar a una investigación minuciosa que consideramos absolutamente necesaria. La pesquisa ya ha sido anunciada desde ciertos niveles del Gobierno pero no faltan quienes dudan de que realmente se lleve a cabo. Es que el Chapare debe inquietar al Gobierno. Por ahora es su más firme base político-social de apoyo y teme, sin duda, perderlo con decisiones que los cocaleros consideren una provocación intolerable… ¿Investigarán? Si lo hace, que sea con transparencia, en lo posible, de cara a los medios de comunicación social.

El autor es periodista

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