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lunes, 20 de mayo de 2013

Humberto Vacaflor muestra dos actividades, dos actitudes una legal (la soya) otra ilegal (la coca) y la forma cómo un "Gobierno legal protege y ampara la ilegalidad", mientras los legales productores de soya están sin poder vender su producto legal.


Dice el empresario Demetrio Pérez que la inoperancia burocrática del Gobierno está causando más daño a las exportaciones de soya que la sequía. Resultado: los silos están repletos y los productores deben vender el grano con desventaja.

Los productores de coca de Chapare enfrentan otro tipo de problemas con su producción. No es una ministra incompetente pero tozuda la que frena las exportaciones, sino severos funcionarios de Brasil y Chile que impiden el ingreso a sus países del subproducto de la hoja. Resultado: a fines del año pasado la coca se vendió a la mitad de precio.

Los soyeros dicen que las fábricas de aceite les pagan un precio inferior al que rige en el exterior. Los cocaleros tienen el mismo problema, pero ellos cuentan con la ventaja de que los industrializadores de la hoja corren con todo el riesgo de una actividad delincuencial. Son dos cultivos importantes. El primero es la estrella de las exportaciones de la economía legal y el segundo es el responsable de la economía ilegal.

La soya enfrenta problemas internos para salir del país y la coca enfrenta problemas externos. Los perjuicios son similares. Los productores de soya no han hecho incursiones en la política. Los productores de coca, en cambio, sí las han hecho. Y con mucho éxito.

Los mineros bolivianos dominaron la política durante el siglo XX; los cocaleros han penetrado la política en el siglo XXI. El último de los empresarios mineros que llegó a la Presidencia de Bolivia cuando se acababa el siglo pasado rebajó los impuestos a la minería; el primer cocalero que llegó a la Presidencia cuando comenzaba el nuevo siglo decidió mantener la exención impositiva para su sector.

Para lograr ventajas y políticas que les favorezcan, los soyeros tendrían que imitar a los mineros y cocaleros. Empresarios que no hacen política están condenados a pasarla mal. Claro que hay estilos en esto. El más grande minero de la historia de Bolivia no hacía política en persona. Manejaba a los políticos y los ponía y quitaba de la Presidencia.

Los cocaleros están comenzando en estos afanes. Pero como se trata de una industria horizontal, con precios y ganancias que aumentan conforme crece la distancia, nunca se sabe quién maneja y desde dónde a sus agentes políticos locales.
Son las complejidades del contacto entre la economía y la política

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