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lunes, 11 de julio de 2011

la droga es un espacio de esclavitud para embrutecerse y generar crímenes. muertes violentas y asalto impidiendo florecer la palabra de vida

El cardenal Julio Terrazas afirmó en su homilía del domingo último que lamentablemente la droga se convirtió en un espacio de esclavitud que deriva en el embrutecimiento y endurecimiento del corazón que genera crímenes, muertes violentas y asaltos.
"Nuestros terrenos, tropiezan con las piedras del narcotráfico, como puede producir la palabra fruto allí donde ese pedregal que se ha multiplicado y se sigue multiplicando en nuestro ambiente no permite que florezca la palabra de vida. La droga no es el espacio para liberarnos, es el espacio para embrutecernos, y endurecer el corazón, pero hay más todavía, y tenemos que ser claros en esto, tantos crímenes, tantas muertes violentas, tantos asaltos", expresó el prelado. 
El cardenal sostuvo que el crimen organizado va llegando a nuestro ambiente y esas son piedras, espinas que impiden que la verdad y la vida triunfen por encima de la muerte y la mentira. 
Lamentó que existan personas que se inventan muchas cosas para distraer, para crear diversiones que solamente nos alejan de la verdad y se inventan toda una serie de acontecimientos ilusorios, pasajeros o acontecimientos que nos hacen pasar de la euforia a la melancolía y a la tristeza. 
"Y nuestros jóvenes tienen que vivir allí, allí forman su espíritu, allí tienen que dejar que la palabra los envuelva, y los haga capaces de producir los frutos que estamos esperando, ese es el mensaje de hoy mis queridos hermanos", expresó el cardenal Terrazas. 
Dijo que hay que ser como el labrador que sale a sembrar la semilla de manera eficaz y no puede volverse vacía hacia el Padre, hacia aquel que pronunció esta palabra de vida, "tiene que convertirse en pan de vida como decía Isaías en la primera lectura. La buena semilla produce, germina, se saca de ahí el grano y se saca el trigo para el pan, para la vida. 
Indicó que quizás se habla con mucho optimismo de que el hambre en Bolivia ha retrocedido y puede ser verdad, en parte por lo menos, pero "¿Y el hambre de Dios? ¿El hambre de justicia verdadera auténtica? ¿El hambre del compartir? ¿El hambre de ser respetado como persona humana? El hambre que es buscar la libertad y que no se sienta perseguido por sus propias ideas o por pequeños errores que ha cometido en su vida, pequeños o grandes porque al fin y al cabo nuestro Dios es el que perdona, no el que toma la batuta de aquellos que condenan sin tener fundamentos seguros y destruyendo constantemente la dignidad de la persona humana". 
"Así como sale el sembrador, Dios nos pide como cristianos creyentes que seamos capaces de preparar los terrenos nuestros personales, y los terrenos y los espacios donde estamos viviendo para que también allí surja toda la vida que el Señor quiere derramar en abundancia para todos", sostuvo. 
Añadió que el sembrador es el Padre, la semilla es Cristo, el terreno somos nosotros. ¿Cómo respondemos? ¿Qué hacemos? ¿Cuál es nuestra manera de pensar y de actuar? ¿Cuál es la esperanza que nos anima cuando hay zarzas, cuando hay espinas cuando hay piedras en el camino? ¿Cuál es el tiempo y el esfuerzo que damos a limpiar nuestros propios terrenos para que la palabra de vida no sea sofocada por palabras inútiles, por promesas que no se cumplen, por promesas meramente materiales?.
"Nos toca abrir la conciencia y el corazón a esta dimensión de Dios, que ha querido poner en medio de nosotros su reino, no para que hablemos de Él, sino para que vivamos con Él construyéndolo constantemente con nuestros compromisos". 

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